Cuándo trabajar en una relación y cuándo abandonarla.
Todas las mujeres, aún aquellas que se jactan de abandonar prematuramente una relación, tenemos una fuerte tendencia a trabajar en nuestras relaciones de pareja si anteriormente hemos apostado por su éxito.
¿Pero cómo podemos estar seguras sobre cuándo es momento de trabajar en una relación y cuándo es oportuno para bajar los brazos y seguir nuestro camino?
Dejando de lado nuestros sentimientos, la mejor forma de saberlo es a través del hombre que tenemos al lado.
No todos los hombres son iguales, por supuesto; solo algunos poseen esa cualidad desestabilizadora que nos hace dudar, es decir, preguntarnos una y otra vez si estamos con el hombre indicado.
Intentar hablar de frente con esta clase de hombres es complicado. En parte, porque tendrán una reacción exagerada, desproporcionada, o jugarán el papel de niños ofendidos.
Todas sabemos que las relaciones de pareja son complicadas. En este contexto deberíamos preguntarnos lo siguiente:
¿Cuán complicadas deberían ser las relaciones de pareja?
¿Cuál es el límite que separa una relación de pareja difícil con una imposible?
Y tal vez la más importante:
¿Cómo podemos saber si estamos luchando y trabajando por una relación que no tiene futuro?
Yo llamo a este tipo de situaciones "purgatorio de relaciones", un limbo, para decirlo de un modo elegante, un espacio de transición en el que no sabemos si vale la pena luchar o empezar a considerar la posibilidad de una ruptura.
Mi "purgatorio de relaciones" podría definirse como una relación de pareja donde el presente no es satisfactorio y el futuro se vislumbra como una esperanza sin fundamentos claros.
Frente a este panorama se puede negar la realidad, es decir, cultivar una falsa esperanza de que todo finalmente se arreglará solo, o bien enfrentarla con madurez.
No hay soluciones mágicas, y a veces esperar demasiado y de forma pasiva te costará años de recuperación, si tienes suerte, o de depresiones e inseguridades de cara a una nueva historia.
A las mujeres nos cuesta pensar las relaciones de pareja como lo que realmente son: un pacto.
Una puede firmar un pacto (o un contrato) y mantenerlo hasta el final si las condiciones acordadas son respetadas por ambas partes. ¿Pero qué ocurre cuando los términos se desgastan con el tiempo?
En todo contrato hay consesiones, de ambas partes, pero hay términos que son innegociables. Si uno de ellos se rompe el contrato puede romperse, y así debería hacerse, salvo que en las relaciones entran a tallar miles de asuntos secundarios que nos desvían de la realidad objetiva.
Esta es la clave para identificar la pregunta que nos hacíamos antes.
Si logramos detectar qué términos del contrato han sido rotos podemos actuar en consecuencia, ya sea para romperlo o reformularlo.
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